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Denuncia penal contra Casciari: por qué la preventa de Orsai no funciona en cine

25 de octubre de 2026 • 2 min de lectura
Denuncia penal contra Casciari: por qué la preventa de Orsai no funciona en cine
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Un grupo de accionistas que puso dinero en los proyectos audiovisuales de Hernán Casciari lo denunció penalmente por administración fraudulenta. La acusación apunta al manejo de los fondos reunidos con el sistema de preventa que el escritor ya usaba en su editorial, Orsai. La denuncia no define culpabilidades: eso queda en manos de los tribunales.

El mecanismo es el mismo que Hoy ordena la producción de juegos de mesa en el país: los compradores pagan por un producto que todavía no existe y reciben un ejemplar cuando entra en producción, con algún agregado de diseño. Casciari lo trasladó al cine con varios proyectos; uno de los más caros y ambiciosos fue La muerte de un comediante, protagonizada por Diego Peretti. Hubo inversores que acompañaron de buena fe.

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La diferencia es la escala. Un largometraje que arranca con un presupuesto de 1,8 millones de dólares y termina en dos millones no es una anomalía: es la regla. El rodaje depende de la disponibilidad de los actores, de la locación elegida, del clima y de la coordinación previa de un equipo grande. Cada cambio de fecha se paga en dólares y en horas de trabajo.

El guionista William Goldman, dos veces ganador del Oscar, resumió la industria en una frase: «nadie sabe nada». Ni el marketing ni los estudios más grandes pueden anticipar qué película va a funcionar. Por eso los proyectos masivos tardan entre tres y cinco años en concretarse. Prometer un retorno fijo de la inversión es, con ese punto de partida, directamente imposible.

Los grandes estudios destinan recursos enormes a leer la demanda del público y aun así fallan: el fracaso comercial es parte del negocio, y hoy el cine pesa poco dentro de conglomerados más grandes. La comparación con la edición de un libro o con una crónica tampoco resiste: escribir depende de una persona frente a una pantalla; filmar depende de decenas y de un calendario cerrado.

Lo que sigue es judicial. La discusión de fondo es otra: financiar una película porque se quiere que exista es una cosa; ofrecerla como inversión con ganancia es otra muy distinta. Si se arma un sistema alternativo, el riesgo tiene que quedar claro para quien pone su dinero, y no alcanza con las ganas ni con la confianza de quien cree que la tiene atada.

Fuente: La Nación

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