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“Yo fui feliz”: padre e hija actúan la vida de la abuela inmigrante en San Telmo

24 de octubre de 2026 • 2 min de lectura
“Yo fui feliz”: padre e hija actúan la vida de la abuela inmigrante en San Telmo
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Yo fui feliz se presenta dos viernes al mes a las 20 en Arte Antica, el anticuario de pasaje San Lorenzo 354, en San Telmo, que durante la función pasa a llamarse Teatro El Anticuario. La pieza, escrita y protagonizada por Ceci Maugeri, reconstruye las conversaciones que mantuvo con su abuela paterna mientras la anciana le enseñaba a tejer.

El elenco es el núcleo familiar puesto sobre las tablas: la autora se hace a sí misma y su padre, Juan Carlos Maugeri, de 76 años, encarna a su propia madre. La boletera y anfitriona que recibe al público con una copa de vino es Elisa Fernández, escritora y esposa del actor. El texto está armado en siete escenas y en cada una aparece un tramo biográfico de la abuela.

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Lina Bellifemine de Maugeri llegó desde Molfetta, Italia, a los 5 años. Creció en un inquilinato de Barracas donde el baño era una letrina y una palangana, y a los 13 ya trabajaba en la fábrica Alpargatas del mismo barrio. Murió a los 94, en 2009. A esas escenas se suman las inseguridades de la nieta, que cursa su primer embarazo y busca en el tejido un modo de retener lo que la abuela le dejó.

El proyecto nació de las grabaciones que la autora, estudiante de Filosofía y Letras, le hacía a la abuela en cassettes. Primero pensó en una novela; el material terminó convertido en obra teatral a fines del año pasado, y el manuscrito quedó dedicado a la nona y a Selva, la hija por venir.

El reparto se definió casi por accidente. En una lectura en casa, el padre tomó el rol de la abuela y la hija le gritó: “papá, ¡sos la nona!”. El hombre no era un improvisado: estudia actuación desde 2004 y lleva una veintena de obras en talleres con Pompeyo Audivert, Santiago Doria y Diego Freigedo.

Cada función cierra con una ronda en la que los actores entregan un ovillo de lana, cada asistente tira de la punta y cuenta su historia hasta formar una red entre todos. El fenómeno superó al equipo: un grupo de veinte tejedoras viajó en combi desde Lomas de Zamora y sigue a la obra por redes, y el público más fiel resultó ser el de 20 a 25 años.

Fuente: La Nación

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